lunes, 19 de enero de 2009

MARIO PUNZI

Mamá gringa

El olvido, que carga su jeringa
con falopa de malas y de buenas,
sólo dejó de mi niñez, apenas
el primer nombre de mamá: Dominga.

Ni quiero nada más... El tiempo chinga
los chumbos que me tira por docenas,
ni me hieren las fórmulas ajenas
de mufa, de berreta, de Mandinga.

Ya me soné los mocos de la penas.
Chau, cartón lleno, generala... Minga
de palinodias y de cantilenas.

Que aunque la llama del amor se extinga,
me sube por los nervios y las venas
la fe lombarda de mi vieja gringa.

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