miércoles, 23 de mayo de 2012

Educación. Recursos humanos.Modelo de país.

Nuestro gobierno dice sostener e impulsar un modelo de país diferente del que atravesamos hasta ahora, salir del modelo exportador de productos primarios. Veo una contradicción en ese modelo. No hay orientación en educación, se están desperdiciando recursos humanos - que nos cuesta mucho dinero formar en los colegios estatales y universidades públicas - Los alumnos no tienen la información básica que les permita, dentro de sus capacidades, orientarse a una u otra formación en relación a lo que el país con este "nuevo modelo" requiere.

Un modelo que agregue valor a sus productos primarios necesita recursos humanos capacitados. No es tan complejo ni oneroso orientar a los jóvenes para capacitarse en actividades que encuentren una salida laborar necesaria y adecuada. No hacerlo es mucho mas oneroso.

Será que se han "olvidado" de la necesidad de formar recursos humanos o será que tal olvido denuncia la carencia de modelo?

2 comentarios:

Javier dijo...

Ni una cosa ni otra, Ana, sino ambas a la vez, lo mismo que en esta España de aquí, así en las tierras de allí. Se forjan personas cualificadas que no encuentran salida en su país porque no se invierte en infraestructuras ni tecnología, de modo que esos profesionales que tanto dinero han costado al Estado son finalmente aprovechados por las potencias que sí invierten, además a coste cero porque ya se los damos estudiados y leídos.

En fin, cosas del mercado y de los políticos miopes. ¿O quizá no lo son tanto?

Un abrazo.

Juan Poz dijo...

los politicos les gusta mucho esa expresiòn: "modelo de país", porque creen que les otorga un plus de credibilidad, seriedad, capacidad de reflexión e incluso prestigio intelectual. La realidad, claro está, es muy otra, y tira hacia abajo, hacia el vuelo gallináceo rasante, lejos de las aspiraciones aguileñas. Tengo la impresión de que cuando dicen esa frase estan pensando en su inversión: "un país modélico", frase que no se atreven a proferir, ¡afortunadamente!, porque entonces sí que su credibilidad se rasgaría como el velo del tabernáculo cuando expiró Jesucristo.
Modelo es una palabra que me resulta terriblemente antipática desde que en la niñez me la arrojaban como el vinagre al rostro llagado y tumefacto del torturado por la inquisición. No me gustan los modelos, sino la invención, la imaginación. Confiamos demasiado en la escuela, y eso nos pierde. Los clásicos insistían en que no se aprende a leer y escribir sin golpes, como lo dejo escrito Menandro, y sigo pensando que es cierto, aunque ahora los golpes sean contra el orgullo.
Me parece que se ha subestimado el aprendizaje de un oficio en detrimento de una aspiración "superior", como inversión económica, para la que, francamente, pocos son los elegidos, auque sean muchos (cada vez menos) los becados o subvencionados.
No creo, la verdad, que pueda exigírseles a nuestros políticos que dirijan su actuación conforme a un modelo al que quieran acercarse. El capitalismo de las postrimerías del 20 y el ultraliberal del 21 han dinamitado el conccepto sociedad para entronizar el de sociedad anónima, a la que otras veces llaman mercado.