jueves, 5 de mayo de 2016

En busca de la historia perdida

La vida humana necesita una construcción, necesita historizar para dar sentido. La sucesión de imágenes sin historia, sin bordado y sin costura, atomiza, disocia en partes al todo que no es, sino que tiene que devenir.
Nuestra historia sin historia nos convierte en crédulos desanclados de cualquier experiencia, a merced de los mercachifles que construyen una realidad a medida de cada espectador.

La realidad subjetiva, que se construye con el entramado de experiencias propias, ha pasado a ser una mercancía más, se vende experiencia importada de China - ensamblada en China - estandarizada y normatizada.

Los constructores de realidades baratas, o no tanto,  arman consumidores a medida. No se responde a una demanda, se la construye. Los consumidores - sumisos esclavos de si mismos - consumen los trozos de realidades mal paridas.

Si se demanda autodestrucción y muerte los constructores construyen autodestrucción y muerte, si se demanda un paraíso los constructores lo construyen, el paraíso es más costoso, necesita personajes, medios de transporte, combustible, hoteles y palmeras, la autodestrucción es mas barata, con un par de pastillas y una botella de alcohol basta.

Mientras tanto, entre paraísos e infiernos, los constructores nos vienen prometiendo que hoy estamos mal pero que el esfuerzo nos conducirá a un futuro refulgente, nos vienen prometiendo el futuro  desde hace muchos pasados.

Paradojas de la historia, el papa del catolicismo pide mejorar la vida en la tierra para los que menos tienen, los constructores de realidades en la tierra prometen un futuro de mejor vida en esta tierra, pero como el futuro prometido no llega, nos convidan a vivir solo el presente.

No hay forma de oponerse efectivamente, los constructores saben que no hay futuro, que toda promesa es vacía, que si el camino es amargo mucha gente se aparta de él, entonces quien alimentará las fábricas Chinas de sueños?